La Historia en historieta

Sacco segunda original Imagen destacada

Revista Universidad de Antioquia, número 320 (abril - junio de 2015).

Joe Sacco es dibujante y periodista. Publica sus reportajes en forma de cómic. Le gustan los temas signados por la tragedia de la guerra, como Bosnia y Palestina. En este último territorio estuvo durante un par de temporadas: la primera entre 1991 y 1992, y la segunda entre 2002 y 2003. De estos viajes salieron dos de sus mejores trabajos: Palestina, en la franja de Gaza y Notas al pie de Gaza. En Bosnia estuvo en 1995, presenciando el incierto proceso de vuelta a la paz de la pequeña ciudad de Gorazde, a orillas del río Drina, después de resistir varios años como uno de los enclaves Musulmanes rodeados y controlados por ejércitos Serbios al mando de Ratko Mladic. El título de esta última obra, Gorazde, área de seguridad, lleva implícita la ironía de un asentamiento supuestamente protegido por fuerzas internacionales, donde realmente las guerrillas serbias realizaban las más cruentas incursiones.

Las historietas de superhéroes acostumbraron a los lectores a que el cómic era sinónimo de ficción, pero la publicación de un libro testimonial como Maus por parte de Art Spiegelman a principios de los noventa quebró ese prejuicio de manera definitiva. Esta obra, que cuenta las vivencias sufridas por el padre del autor en los campos de concentración de la Alemania nazi y la posterior —y difícil— relación del padre y el hijo varias décadas después, abrió la posibilidad de que cualquier drama humano real pudiera ser tratado en profundidad a través del arte del cómic. El relato vivencial o periodístico cobra una interesante dimensión a la hora de ser representado a manera de viñetas, pues la descripción de personajes o de lugares no está destinada ya a explicar un mundo recién creado, sino a dar a conocer una realidad que intentamos imaginar a tientas a partir de las noticias, pues estas rara vez se proponen mostrar el contexto material, espacial, estético, etc. de los hechos que las generan.

La presencia de Joe Sacco como autor es explícita en sus trabajos, y agrega una nota de humor a los duros temas que trata. El periodista se dibuja a sí mismo con una boca demasiado grande y unas gafas de aumento gruesas y opacas que no le dejan ver los ojos. Y cuando sale de cuerpo entero vemos a un hombre delgado y de baja estatura, muy distante físicamente de la idea del aventurero que recorre las zonas más peligrosas del planeta. Es más, a menudo este se describe gráficamente temblando de frío —cuando otros aguantan los rigores del invierno en los lugares aporreados por la tragedia—, o comiendo a dos carrillos —cuando los demás ayunan voluntariamente ante el ofrecimiento de un alimento que no abunda—. Esta representación de sí mismo es la base de la construcción de un punto de vista narrativo que aspira al rigor de lo visto y visitado, aunque no a la objetividad.

Aunque para este autor el dibujo fue su elemento desde niño, una experiencia en el periódico del colegio lo llevó a estudiar la carrera de periodismo. Encontró las clases interesantes y se graduó rápidamente, pero pronto se decepcionó. Dice que no encontraba un espacio ni la manera de escribir cosas que realmente pudieran hacer vibrar al lector. Desencantado de la vida decidió viajar a Malta, la isla Mediterránea donde nació, para dedicarse a hacer lo que realmente le gustaba: dibujar cómics. En esta especie de ostracismo voluntario Joe Sacco trabajó sin sentirse intimidado, y aprovechó para ganar seguridad antes de volver a los Estados Unidos a fundar su propia revista: Portland Permanent Press, que salió al público durante 15 números. Allí puso el dibujo al servicio de la sátira política.

A finales de la década de los ochenta Joe Sacco renunció a su trabajo como dibujante en Los Ángeles y se fue de viaje. Recorrió Europa y se estableció dos años en Berlín, mientras contaba su experiencia en historietas propias y trabajaba como diseñador de carátulas de discos y de pósteres de conciertos. A finales de 1991 y comienzos de 1992 emprendió un recorrido por Israel y Palestina, y después regresó a instalarse en Portland, Oregon, donde decidió dedicarse de lleno a poner esta última experiencia en un libro acerca del conflicto entre musulmanes y judíos. De ahí nació Palestina, en la franja de Gaza. Habiendo encontrado esa “manera” que venía buscando desde que era periodista recién graduado, Joe Sacco planeó sus viajes a Bosnia y más tarde de nuevo a Palestina con el objetivo de mostrarle al mundo el punto de vista de aquel que ha sido vejado en la refriega de la guerra deshumanizada.

Tanto en Palestina como en Bosnia, Joe Sacco toma el lado del pueblo que ha tenido menos recursos para defenderse. Su interés no es presentar un escenario imparcial de un conflicto, sino las causas y el contexto de una tragedia humana ocasionada por una guerra desigual. O, como él mismo dice, citando a Robert Fisk, intento ser “neutral y objetivo en favor de los que sufren”.

En Notas al pie de Gaza, su último gran trabajo, Joe Sacco decidió dar un paso arriesgado al tratar un tema histórico: las masacres en las ciudades de Khan Younis y Rafah por parte de los ejércitos israelitas en su invasión de Gaza en 1956. Reconstruir una situación del pasado le significó un trabajo aún mayor, pues no solo los documentos oficiales eran escasos y ambiguos, sino que los testimonios fueron aportados por ancianos cuya memoria estaba contaminada con un panorama de tragedia continuado desde entonces, muy propicio para la reelaboración de los recuerdos dolorosos. De ahí esa parte del título de “notas al pie [de página]”, refiriéndose a esos momentos de la historia que van saliendo del cuerpo central del recuento oficial, sea por lejanía en el tiempo o por “exceso de nueva historia”, pero cuya importancia puede ser fundamental para entender el presente.

Las tres obras mencionadas no son los únicos trabajos de este periodista dibujante que muchos califican como único en su género, pero sí quizá los más profundos y estremecedores. Además de tener la sensación de comprender la raíz y los móviles de un conflicto, el lector tiene la oportunidad de sentir compasión —no en términos de lástima, sino de ponerse en la situación del otro— por el grupo más afectado por la tragedia de la guerra, además de penetrar en su mundo a partir del dibujo, una experiencia que se enraíza en la imaginación de una manera diferente y complementaria con la narrativa tradicional, compuesta únicamente de palabras.

 

 

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