27 noviembre, 2015

Durante mi trabajo como censor

El enfermero tronchó la clavícula derecha y la atravesó con un corte transversal hacia la tráquea, luego hizo lo mismo con la otra clavícula hasta formar una escotadura en el torso desnudo. El médico se aproximó con otro cuchillo igualmente descomunal y, partiendo desde el centro del pecho, rajó el esternón a lo largo con cuidado de no pasarse y pinchar los intestinos.
27 noviembre, 2015

El ocaso del señor M

Cuando el señor Mengual entró por primera vez en la casa de la señora Hintfield no pensó nunca que en ella estaban todos los nombres de todos los objetos del único diccionario de inglés que no había traído consigo. Ni sospechó siquiera de la trampa que le tendieron los cojines en forma de rosquillas, churros y croissants, aparentemente dispuestos al desgaire en un canapé que lo abrazaba entre sus brazos torneados.
30 septiembre, 2015

Terapia

Cumplir con su trabajo de año rural no le llamaba la atención en lo más mínimo. Si no le había gustado su carrera durante la facultad, menos le iba a coger cariño metiendo las manos en las descuidadas bocas de los campesinos. Además, no sabía nada del campo. Confundía toros con vacas y la enfermaba pensar en la falta de un cine o un lugar decente para comerse un helado. Pero ella quería tener su tarjeta profesional y no le importaba resignarse. Al fin y al cabo se trataba del último esfuerzo antes de demostrar que estaba en capacidad de ejercer.
30 septiembre, 2015

Río de Janeiro “…no mar estava escrita uma cidade”

En una punta de la playa de Copacabana, Rio de Janeiro, hay un bronce que conmemora el centenario del nacimiento de Carlos Drummond de Andrade, con fecha de 2002. Es una escultura de cuerpo entero del escritor, sentado en una banca a la orilla del mar. Flaco, menudo, pero con un mentón fuerte y cuadrado, posee un aire de independencia y tranquilidad. Parece un transeúnte que se detuvo a ver pasar la gente por el bulevar de la playa: uno más de sus personajes de la cotidianidad carioca.