Asuntos del inframundo

Por descuartizar a su hijo y presentarlo asado en un banquete sin anotaciones al menú, Tántalo fue condenado por los dioses a un eterno castigo: sumergido hasta la cintura en una piscina, no podía beber de ella, ni podía alimentarse del árbol que le daba sombra. Se agachaba a beber y el agua se secaba; levantaba una mano para sacudir una rama y las frutas desaparecían. Tántalo vivió el resto de su vida en una posición difícil en la que nada para él podía cambiar.
Esta idea de una vida inalterable fue la que le sugirió al sueco Ekeberg, dos siglos atrás, que a su recién descubierto elemento químico, por su naturaleza impertérrita ante óxidos y otros agentes corrosivos, le vendría bien el nombre de tantalio. En consecuencia, a la roca que alberga este elemento se le llamó tantalita, que en la naturaleza se encuentra siempre en íntima relación con otra roca rica en niobio, la columbita.
Se diría que estas son apenas curiosidades científicas, y de hecho lo fueron, hasta hace algunas décadas, cuando se descubrió que el tantalio tenía un vocación impresionante para fabricar ciertos componentes electrónicos que están presentes en los aparatos más modernos de la vida de hoy: celulares, MP3, computadores portátiles, consolas de video, etc. De ahí que la columbita-tantalita, una roca gris oscura y sin formas atractivas, se haya convertido en un material esencial para el ser humano, o como se diría en política, estratégico. Y, al ser de dominio público, se ha optado en llamarlo simplemente coltán, una palabra sin sabor para una piedra que ha desatado una fiebre comparable a la del oro y financiado una guerra en África más cruenta que la de los diamantes.
Aunque Brasil, Tailandia y Australia, entre otros, tienen yacimientos de coltán, es la República Democrática del Congo la que posee el mayor números de reservas. Este país enorme, ecuatorial y selvático, enclavado en toda la mitad del continente africano, que fuera propiedad privada del rey Leopoldo II de Bélgica hasta 1908 y luego dominio de la misma Bélgica hasta 1960, tiene uno de los subsuelos más ricos y codiciados del mundo. Aunque las riquezas del Congo no son cosa nueva, pues ancestralmente los bantúes tenían redes de comercio con productos hechos en hierro y cobre, e incluso durante la Segunda Guerra Mundial fue el principal proveedor de uranio para los Estados Unidos en su proyecto de bomba atómica, como un destino cruel y digno del castigo de Tántalo se le ha venido encima la fiebre del coltán.
El lugar de extracción de esta piedra en el Congo está en plena zona de refugiados provenientes de Ruanda y Burundi, escenario de una pelea tribal entre hutus y tutsis de las más cruentas. Tanto los desplazados por el genocidio ruandés de 1994, como los exiliados y expulsados anteriores del mismo conflicto, fueron a dar a dicha región oriental del Congo. Esto creó un clima de inestabilidad que en 1996 fue aprovechado por los rebeldes congoleses liderados por Kabila ­-padre- para derrocar al dictador Mobutu, y tomarse el poder al año siguiente con apoyo de los mismos Ruanda y Burundi. Sin embargo, Kabila pronto rompió relaciones con sus aliados, y estos, al verse expulsados del rico territorio, optaron directamente por invadirlo ayudados de Estados Unidos.
De modo pues que lo que comenzó como un conflicto étnico mostró su trasfondo económico, y las rivalidades entre hutus y tutsis justificaron la ocupación y consiguiente guerra entre naciones, conocida como Segunda Guerra del Congo, o Guerra del coltán, que ha dejado, se cree, 5 millones de muertos. Durante cinco años de enfrentamientos, los extranjeros sacaron todo el coltán que pudieron del territorio ocupado. Aunque la confrontación finalizó formalmente en el 2003, el ejército congoleño logra a duras penas controlar el territorio. Abundan allí grupos guerrilleros que se lucran de la extracción de coltán, que sacan ilegalmente por Ruanda, especialmente hacia China, donde se fabrica la mitad de los celulares que se ofrecen en el comercio mundial.
Además, es sabido que la situación laboral en las minas a cielo abierto de esta piedra no solo se da en condiciones de semiesclavitud, sino que los elementos radiactivos asociados al tantalio y al niobio afectan la salud de los trabajadores gravemente. De ahí que grupos ambientalistas y diferentes organismos internacionales intenten poner una censura ética al coltán proveniente del Congo, y poco a poco se intente certificar la procedencia del mineral para no favorecer la explotación ilegal.

        Mientras tanto, será inoficioso dejar de comprar estos aparatos que hacen la vida más eficiente y divertida, así sepamos de dónde provienen sus componentes. Pareciera que cuando el hombre abre las entrañas de la tierra y se acerca al mineral en bruto, sus más primitivas maneras afloran y prevalecen; mientras que al alejarse de las fuentes y refinar estos elementos, el hombre muestra que puede hacer con ellos verdaderas maravillas. En todo caso conviene saber, tal vez para apreciarlos más, que detrás de los juguetes más avanzados y sorprendentes de hoy, está presente, como en toda actividad humana, la sangre y el sufrimiento.

Número 304. Abril-junio de 2011.

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